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Estimados Fieles: ¡Alabado sea Dios!
 
La celebración del XXV Aniversario del retorno al Padre del Siervo de Dios Odorico D'Andrea nos ha convocado en gran número en el Campo Divina Providencia, donde hemos compartido con gran júbilo la eucaristía y el don de ser hermanos.
También la Vigilia ha sido muy concurrida como en ningún otro año. La actuación de Luís Pastor, Carlos y Luís Mejía Godoy nos ha regalado un momento emocionante. Hemos extrañado la ausencia de Norma Elena Gadea, que no pudo estar presente por la muerte de su querido papá. El momento más emocionante de la Vigilia ha sido la Procesión de la Luz hacia la tumba del Siervo de Dios. Eran miles los devotos que del Parque caminaban en silencio hacia ese lugar santo. Que el Padre Odorico interceda desde el cielo muchas bendiciones por todos los que nos han visitado en este Aniversario.
Hoy  inicia la Semana Santa o Semana Grande durante la cual celebraremos solemnemente la Pascua Anual de pasión, muerte, sepultura y resurrección del Señor, que la celebración litúrgica de este día anticipa.
La Semana Santa nos lleva  al centro de nuestra fe, al misterio pascual de Cristo; hace nuestro este misterio salvador  por medio de los sacramentos y por medio de las acciones litúrgicas  de la Iglesia, que se realizarán hoy y en el Triduo Santo.
 A cada uno de nosotros corresponde participar a estas celebraciones  de la semana santa,  con un corazón convertido, con una fe viva, y una entrega total, para que así por medio de los sacramentos  de la fe, y acogiendo la acción salvadora de Dios, realicemos nuestra pascua, muriendo al pecado y resurgiendo a una vida nueva en Cristo.
Hoy conmemoramos  la entrada del Señor a Jerusalen. La Iglesia reconoce y acompaña en la procesión de ramos a Jesús Rey y Salvador, que camina hacia la pascua de muerte y resurrección. Lo acompañamos con ramos, para testimoniar que con Él y en Él seremos vencedores del mal y de la muerte. Hoy, Cristo quiere entra en nuestras vidas, en nuestra familias y en todas las realidades humanas para liberarlas del mal.
Jueves santo, el Señor nos dará el don de la eucaristía, del sacerdocio y del mandamiento del amor. Esto acontecerá en la celebración eucarística de la tarde, que se extenderá en la adoración de la noche.
El Viernes santo en la tarde, celebraremos la Pasión del Señor con la adoración de la Cruz. Esta celebración es el memorial de la muerte gloriosa y salvadora de Cristo.
Sábado Santo, es el gran día del silencio y de la oración contemplando a Jesús en el sepulcro donde quiso entrar para vencer definitivamente la muerte.
La Vigilia Pascual es la celebración madre de todas las celebraciones, la fuente de los sacramentos, el fundamento de la fe y vida de la Iglesia porque es la memoria de la Resurrección del Señor.
Nadie, que se retenga verdadero cristiano, puede ausentarse de estas celebraciones pascuales, porque ella fundamentan nuestra fe, caridad y esperanza. Pablo nos recuerda: "¡Vana es nuestra fe si Cristo no ha resucitado!".
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Estimados Fieles: ¡Alabado sea Dios!
 
La Palabra de este domingo contiene la llamada solemne a entrar en la nueva alianza de vida con Dios. Esa alianza será posible por la acción de Dios mismo (primera lectura) pero cuenta con la libre respuesta humana (segunda lectura). A su vez la respuesta humana  se traduce en entrega, en una cierta "transformación dolorosa" en la que el discípulo imita a su Maestro, que se ofrece al Padre por la vida abundante del mundo (evangelio). En esta alianza nueva, importan ya no víctimas materiales como en los días de los antiguos Hebreos, sino la víctima única, Cristo, a la que se puede estar unido solamente a través de un renacer a actitudes como la suya: obediencia y donación de sí mismo. 
Celebrando el XXV Aniversario del retorno al Padre del Siervo de Dios Odorico,  cabe destacar que su vida ha sido una entrega generosa y alegre al Señor y a los hermanos, sobre todo a los más humildes y débiles, como los pobres, ancianos, enfermos y niños. Jesús hoy nos dice: "Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muera, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo en este mundo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo  en este mundo, se guardará para la vida eterna". Estas palabras de Jesús son como la síntesis de la vida del Padre Odorico.  Todavía niño cuidó de su madre enferma, y después de su muerte, cuidó de sus hermanitos. Una vez sacerdote, hizo de la caridad su mayor preocupación. Siempre disponible a las necesidades de sus fieles, corría a cualquier hora del día a socorrerlos, sobre todo a los que estaban enfermo o en agonía.  Si quitaba el bocado para darlo a los hambrientos, se privaba de sus vestidos para amparar a los indigentes. Si invitado a comer, no había comida para todos, prefería no comer. En tiempo de hambruna y de guerra, buscaba por todo lado alimentos para su gente. Daba de todo lo que tenía y la Divina Providencia lo socorría grandemente. Vivió pobremente, aunque manejó mucho dinero para realizar grandes obras; si venía ridiculizado por su sencillez y humildad respondía con una sonrisa. Su sencillez era tan grande, que reverenciaba a todos, sobre todo a los obispos y a los sacerdotes, poniéndose de rodillas frente a ellos. El fue el grano de trigo caído en esta tierra de San Rafael, dejando tras de sí una difusa fama de santidad, por eso se guardará para la vida eterna. El Padre Odorico no ha muerto, él vive entre nosotros y desde el cielo sigue intercediendo, sigue siendo el grano de trigo que se entrega a  sus hermanos para alcanzarles los favores de Dios.  Hoy celebramos su retorno al Padre,  y nos gozamos de ello, porque ahora puede socorrernos mucho más que cuando estaba en vida. ¡Alabado sea Dios, Padre Odorico! Todos te queremos y pedimos al buen Dios que pronto la Iglesia te reconozca beato y santo.
 
Fray Damiàn C. Muratori, Vice Postulador de la Causa de Canonizaciòn

 

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